Las libertades que nos faltan. El conflicto en la UERJ

    

    Los docentes de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro (UERJ) entraron en huelga por tiempo indeterminado el 25 de marzo de este año, un movimiento al que se sumó el sindicato de Técnicos (nodocentes) y también los estudiantes de la misma casa de estudios. Para la realización de esta nota, conversamos con Gregory Magalhaes Costa, presidente de la Asociación de Docentes Universitarios de Río de Janeiro (AsDUERJ).

    Según menciona el docente, el reclamo principal se basa en la exigencia de recomposición salarial para los trabajadores que están viendo deteriorado su poder adquisitivo, siendo que el mismo no se actualiza -desde hace años- frente a la inflación. Además, la comunidad educativa le exige al gobierno que destine mayor presupuesto para la Universidad, en función de garantizar obras de infraestructura y políticas de permanencia estudiantil.

    Con el correr de las semanas, el movimiento logró establecer un diálogo con el gobierno estadual y aparecieron algunos resultados. En este sentido, se aceptó una recomposición salarial del 11,56% aunque la huelga continuó. Para la construcción de una salida al conflicto, el propio gobierno solicitó la elaboración de un listado de puntos prioritarios que viabilicen la finalización de la huelga. En respuesta, las asambleas votaron un conjunto de pautas mínimas entre los que destacan el reconocimiento de pérdidas salariales históricas y de pagos debidos en años anteriores, un adicional por tiempo de desempeño, reconocimiento por parte del gobierno de las necesidades más urgentes de infraestructura y asistencia estudiantil, y el compromiso de pagar “auxilios” de manera igualitaria a todos los docentes, independientemente de su forma de contratación. En ese sentido, Magalhaes Costa nos dice que:

    “la pelota está en manos del gobierno, porque ya tienen las pautas (mínimas) para cerrar el paro, tienen que responder a nuestras demandas y lograr implementar las pautas, no solo para cerrar la huelga (...) sino para que la UERJ siga existiendo sin estar en peligro de extinción”

    El conflicto en la UERJ no existe de manera aislada sino que tiene lugar en un contexto de crisis general para el sector universitario, donde observamos varios conflictos abiertos. Al pensar en los factores comunes que atraviesan estos conflictos, el docente los inscribe en una dinámica más amplia que, según explica, involucra el avance del capital y las políticas de ajuste sobre la educación superior, más que nada en los países periféricos. “Países como Argentina, Brasil, Venezuela son países explotados y se quiere mantener el ciclo de explotación.” afirma, y agrega que “el capital no quiere que la clase trabajadora tenga acceso al conocimiento, a la ciencia, a una visión más crítica del mundo…” 

    Trazando una vinculación con la situación actual de las universidades de Argentina, su desfinanciamiento y la pelea de la comunidad educativa por ello, Gregori recuerda el Manifiesto Preliminar de la Reforma Universitaria de Córdoba. Aquel proceso -que cuestionó el sentido mismo de la universidad pública- planteó debates que siguen vigentes hasta el día de hoy. Aquella disputa por una universidad accesible para los trabajadores, comprometida con una producción de conocimiento que sirva a los problemas sociales de la población, vuelve a aparecer en este contexto, marcado por un importante deterioro presupuestario y salarial:

    “En 1918 había una visión del mundo más radical, pues fue incluso un año después de la revolución rusa, ¿no?” y en ese sentido “había un ánimo muy grande con el ascenso del socialismo en el mundo. En cambio ahora tenemos un desencanto, el último tiempo fue muy malo para la conciencia de clase de la clase trabajadora y consecuentemente de los estudiantes”.

    Como vimos en ediciones anteriores, la disputa entre las fracciones de capital más poderosas empuja a la clase trabajadora al empeoramiento en sus condiciones de vida. La educación es uno de los sectores que en países como Argentina, Brasil y Venezuela, se está viendo fuertemente afectado. En sociedades cada vez más desiguales, el recorte presupuestario no sólo arrasa las condiciones de vida de docentes y nodocentes, sino que en un mismo movimiento restringe aún más la posibilidad de acceder a estudios superiores.

    Es que sin políticas de permanencia que permitan sustentar los gastos que conlleva estudiar, cada vez más gente se queda fuera de las universidades. Esta realidad material es acompañada por el discurso de que estudiar tantos años ya no tiene sentido, en cambio nos proponen cursos de corta duración, oficios, emprendimientos y hasta apuestas para ganar plata fácil. En este sentido, observamos cómo en Argentina la reciente implementación del Sistema Argentino de Créditos Universitarios (SACAU) busca acortar y virtualizar carreras, adaptando las mismas a las necesidades del mercado.

    Entre huelgas y movilizaciones, algunos actores de la comunidad educativa se movilizan reclamando otra política, ante el poder social que expresan los grandes grupos económicos. En este marco, se evidencia la necesidad de llevar adelante una lucha profunda y sostenida, no sólo para defender la universidad pública, sino para poder vivir y estudiar dignamente. Todavía la Universidad puede ser un punto de encuentro, de debate y reflexión, un espacio para reconstruir nuestra conciencia crítica y fortalecer esa lucha.

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